"La forma es fondo", dicen los comunicadores, por lo que
ejercitar la forma implica pulir un fondo. Pensemos en un blog, en
este por ejemplo, en pocas veces hay algo de relevancia que decir,
sin embargo a cada post hay un esfuerzo, una idea, una lúdica
exposición de hechos, no con un fin presuntoso, o un ánimo de
declaración de principios, leyes o verdades eternas. Simplemente
por el placer de plasmar, por el placer de retarse uno mismo a
hacerlo mejor en el siguiente, por el gusto de jugar con un
pensamiento, retorcerlo y ver como se deforma ante tus ojos.
Sin embargo muchos de nosotros tenemos miedo a la crítica y nos
congelamos. No queremos expresar nada hasta que ese chispazo único
de ingenio sea capaz de pasar todos los jucios y afrentas. Y para
la mayoría de las persona ese brillo nucha llega. La autocensura es
un paralizadora y toda cabilación se pierde el /dev/null del
pensamiento platoniano.
La mayoría de las personas carecemos de chispazos de genialidad y
sería un error echarlos de menos o desearlos, porque en realidad
nos quedamos con la mejor parte: el juego, poder jugar con nuestras
ideas, irlas puliendo, saborearlas, retocarlas, ridiculizarlas o
sobrecargarlas. Pero de nuevo, el miedo a la opinión de los demás
aniquila este placer y nos reducimos a la frustración.
Hay que darnos la libertad de experimentar y mostrar sin pudor
estos experimentos, y hasta tal vez le sean de utilidad a alguien
más, pero eso ya sería doble ganancia. Si somos nuestro mejor y
lector (crítico y entusiasta a le vez), si guardamos aun lado la
paralizante autocensura, si mejoramos la forma continuamente,
estaremos creciendo, dando un mayor y profundo fondo.
No, no hay chispazos, sólo un paso a la vez.







































